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Categoría: BARCOS CON HISTORIA

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EL NAUFRAGIO DEL ORIFLAMA

Por estos días genera polémica en Chile el supuesto descubrimiento de los restos de un navío español del siglo XVIII en las costas de Curepto, Región del Maule a unos 380 Km. De Santiago. La discusión gira en torno a la propiedad de las piezas arqueológicas que puedan ser rescatadas por una compañía especializada, que dice saber donde se encuentra exactamente el “Oriflama” nombre con que se conocía al navío de línea “Nuestra Señora del Consejo y San Leopoldo” Una fortuna avaluada en unos 30 millones de dólares aguardan bajo metros de arena , en el lugar donde en 1770 naufragó este Galeón. Esperemos que prime la cordura y que todo se resuelva de acuerdo a derecho a fin de poder rescatar para toda la humanidad la verdadera historia de este naufragio, admirar sus piezas arqueológicas –que deben incluir seguramente cañones, vajilla, muebles y cuños de la corona española de la época. A continuación una completa reseña de la historia del “Oriflama” desde la página web de la compañía homónima que pretende su rescate.

"El navío de línea de dos puentes "El Oriflama" fue construido para la armada Francesa en Toulon, en el año de 1743, por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses.

El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas..." leer más

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DIQUE SECO

EL SS GREAT BRITAIN

Imágen extraida de simply groups: http://www.simplygroups.co.uk/Locations/NationalTrust/Avon.aspx

En busca de videos en You Tube me encuentro con la noticia (ya antigua por cierto) del traslado del Great Britain -por una firma de Hamburgo- desde el Cabo de Hornos hasta el Puerto de Bristol. Las imágenes en blanco y negro (El mundo al instante (Numero 2), por sanmarcos1234) acompañadas por la voz en off de aquel locutor del noticiario UFA dan cuenta que esta nave fue el primer buque de Vapor que cruzó el Atlántico. He aquí su historia extraida desde el portal Historia y Arqueología Marítima.

Diseñado por el ingeniero victoriano Isambard Kingdom Brunel y sus colegas Thomas Guppy, Christopher Claxton y William Patterson de la Great Western Steamship Company, el Great Britain fue botado en Bristol en 1843 por el príncipe Alberto.Originalmente se había concebido como un buque con ruedas laterales, pero Brunel vió las ventajas de la nueva tecnologia de la hélice y lo reconvirtió a hélice.El buque con casco de acero tenía el triple del tamaño de cualquier barco de su época, con una eslora de 322 pies y 3.600 toneladas de peso. Era tan grande que las paredes del dock debieron ser modificadas para acomodar sus 52 pies de manga, tenía seis mástiles y una sola chimenea. Tenia una de las primeras proas tipo "Clipper" y quizas sea el ejemplo más antiguo de esa era.

1843 - 1852

El Great Britain es el ancestro de todos los buques modernos, ya que fué el primer buque oceánico de hierro propulsado por una hélice. Fue el primero con un doble casco, el primero con mamparas estancas y el primero capaz de bajar todos los mástiles en caso de tener vientos de proa. FUé el primero en cruzar a hélice el Atlantico, el primero con aparejo de cables de acero, el primero con timon compensado, con botes salvavidas de hierro y un sistema automatico para medir distancias recorridas.Debido a la naturaleza de las nuevas tecnologias que se desarrollaban, la construccion del Great Britain requirió la construccion del primer astillero en ocuparse de buques de acero y la invencion del martillo a vapor para trabajar los duros materiales requeridos.

Estaba diseñado para cruces del Atlántico norte y fue el ancestro tambien de los modernos liners de pasajeros, ya que estaba equipado para viajar con lujo, con cuatro cubiertas, dos lineas de cabinas que daban a cubierta y dos salones comedores, junto con 26 camarotes singles y 113 dobles de lujo. Su carrera atlántica no fué buena, sin embargo. Los americanos estaban impresionados por su tamaño, pero no por viajar en él. Luego de encallar en Dundrum Bay, en la costa norte de Irlanda en 1846, sobreviviendo sólo por la resistencia de su casco, el Great Britain fué modificado y convertido en un velero de tres mástiles, en conjunto con nuevas máquinas y hélice, ya que sus motores originales quedaron arruinados. El costo de su modificacion casi arruinó a sus armadores, por lo que fué vendido a Gibbs, Bright & Co en 1852.

1852-1876

Bajo estos armadores el buque prosperó y retomo su buen nombre. Los nuevos dueños tomaron ventaja del aumento de la emigracion a Australia que habia desatado el descubrimiento de oro allí y renovaron al buque para usarlo como un transporte de emigrantes rápido y lujoso. Se le añadió una cubierta superior de 300 pies a la estructura del barco, un nuevo motor de 500 hp Penn y se modifico su estructura de cabinas interna para llevar hasta 750 pasajeros en tres clases. Tenia ahora un perfil radicalmente nuevo, más bajo en el agua con una superestructura masiva y dos chimeneas.

Para su viaje inicial llevaba cuatro mástiles, dos con cangrejas y dos con velas cuadras. Luego de este viaje fué modificado otra vez, llevando solo tres mástiles, todos con velas cuadras. Por los próximos 24 años y 32 viajes, era un visitante frecuente en las costas australianas y tambien hacia paradas en Cape Town, St. Helena y algun viaje a Nueva York. El buque promediaba 60 días hacia afuera y 60 días de regreso, un tiempo muy rápido para los veleros del siglo XIX, y llevo más de 15.000 emigrantes.

En el 2002 el buque celebró el 150 aniversario del primer viaje a Australia. Uno de sus comandantes, el capitan Gray, solía subir a lo alto de cada palo por lo menos una vez por semana y una vez interrumpió el viaje para reclamar la isla deshabitada de St. Martin para el Imperio. El buque tuvo 25 accidentes marcados en su bitácora, desde colisiones con otros buques, encallamientos, palos perdidos hasta la pérdida del Capitan Gray en forma misteriosa.

Debido a que la carne se arruinaba en viajes largos (no habia refrigeracion) se llevaban grandes cantidades de animales vivos para alimentacion de pasajeros y tripulacion, dando al barco la apariencia de un Arca de Noé. En un viaje en 1859 el buque llevaba 133 ovejas vivas, 38 cerdos, 2 toros, 1 vaca, 420 gallinas, 300 patos, 400 gansos y 30 pavos. Tambien 2 toneladas de carne fresca. Los diarios de los pasajeros frecuentemente hablaban que el buque parecía un granero por el olor y los ruidos.

1854 - Transporte de Tropas

Entre 1854 y 1855 el buque fué charteado por el gobierno británico para llevar tropas a la guerra de Crimea.

En un momento lllevó 1650 tropas francesas y 30 caballos. A traves del curso de este conflicto, llevo más de 40.000 tropas. Depues de ésto fué nuevamente modificado, expandiendo su cubierta principal hacia proa y popa. Este nueva cubierta fue conocida como la cubierta Spar. Sus mastiles fueron reposicionados y las dos chimeneas unidas en una mayor. En esta configuracion fué nuevamente charteado para llevar tropas, llevando los Lanceros del 17 y Húsares del 8 a la India por los Motines, y en 1861 llevo el primer equipo de cricket que hiciera un tour de Australia. Llevo el segundo team en 1863.

882-1886 - Windjammer

Para fines de la decada de 1870 el buque estaba mostrando ya su edad y sus armadores no pudieron mantener su registro como un buque de pasajeros. Pero el buque estaba aun en condiciones de dar servicio y su buen perfil de casco lo hacia facil para una

conversion a un rápido velero de tres mástiles. Se le retiraron sus máquinas y su cubierta "Spar" y su fino casco fué recubierto de madera de pino. De este modo, casi irreconocible como el buque que fuera botado en 1843, llevo carbon galés a San Francisco alrededor del Cabo de Hornos.

Pero en su tercer viaje se enfrento a problemas al querer doblar el Cabo y fué forzado a ir al puerto de Stanley en las Malvinas. Sus dueños no estaban de acuerdo en repararlo y fué vendido a la Falkland Islands Company como un casco de almacenamiento de carbon y lana en este puerto.

1866 - 1970 - Barcaza de carga.

Allí quedó hasta la Primera Guerra Mundial, cuando el carbon de sus bodegas sirvio para llenar las de los cruceros de batalla Inflexible e Invincible antes de la batalla decisiva de Malvinas el 7 de Diciembre de 1914 (ver Batalla de Coronel y Malvinas), cuando los cruceros acorazados Gneisenau y Scharnhorst y los cruceros livianos Nurnberg y Leipzig fueron hundidos.

Para 1937 empero, el casco ya no estaba entero y comenzó a hacer agua, por lo que fué remolcado a poca distancia de Stanley y encallado en la playa Sparrow donde se le hicieron huecos en los costados y fué dejado liberado a los elementos.

1970 - Salvataje

Aun allí su significado historico fué reconocido, ya que hubo intentos de rescate en los 30 y 60 y por las rifas de recuerdos durante la Segunda Guerra Mundial para juntar dinero para Spitfires. Finalmente en 1970 hubo un épico intento de reflotar al casco y fue remolcado de regreso a Bristol a traves del Atlántico. Su nueva vida comenzó y hoy en día es un monumento internacional para las generaciones futuras.

Cuando salio de Malvinas, se dejó un mástil en Stanley como recuerdo del tiempo pasado en las islas. Este grueso palo está montado en Victory Green, delante del hotel Upland Goose y con un diámetro de tres pies y medio da una idea del tamaño del buque.

Su rescate y envio a Bristol

Un grupo de entusiastas británicos logró con gran esfuerzo conseguir los fondos y medios adecuados para su rescate, previo estudios de flotabilidad. Se contrató un pontón que fué llevado a Malvinas y allí se lo montó, una vez tapados los agujeros en el casco y sacada el agua.

El viaje de 7.000 millas fue llevado a cabo sin problemas, se lo saco del ponton en el rio Avon y llego flotando hasta el dique seco en Bristol, el mismo donde Isambard Brunel lo habia construído.


Enlaces: Completo artículo y archivo gráfico del traslado y restauración de este Barco en el Portal Historia y Arqueología Marítima

Histamar

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DIQUE SECO

EL SANTIAGUILLO

Uno de mis primeros post sobre Museos Flotantes se refería al Santiaguillo, navío que llevó pertrechos a Diego de Almagro durante su campaña de descubrimiento de Chile (1536) y en el cual ordenó a su segundo Juan de Saavedra recorrer las costas del Reyno descubriendo la bahía de Valparaiso.
En esa oportunidad mencionaba que la réplica de esta nave se encontraba amarrada en el Muelle Prat de Valparaiso, Chile. Sin embargo el estado actual de la réplica es el que se muestra en estas fotografías , empotrado en tierra sin su velámen y con sus maderos muy deteriorados. Por cierto no es un museo, sólo una réplica de la nave original, pero con el agregado que fue construida en 1986 en los astilleros Adolfo Muñóz y navegó por sus medios desde el litoral maulino hasta Valparaiso. Su apariencia original era de una pequeña carabela de vela triangular y da escalofríos pensar que en otras epocas cruzaron los oceanos en este tipo de embarcaciones. Una maqueta a escala se puede ver también el el Museo de Constitución.


La prueba gráfica de que esta réplica navegó realmente está en una fotografía publicada por Ranny_23 en Flickr (http://www.flickr.com/photos/ranny_22/493251585/sizes/o/), donde se lo muestra con su arboladura al fondo a una pareja de niños fotografiados frente a la bahía de Valparaiso.

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BARCOS CON HISTORIA

EL SS GREAT EASTERN

El Great Eastern fue un barco británico construido en hierro y botado en 1958. Tenía 211 metros de eslora y era capaz de viajar a 13 nudos (24 Km/h) y transportar a 3500 personas. Cuando fue construido era cinco veces más grande que cualquier otro barco de su época.
Tenía una hélice y dos ruedas de palas, y llevaba suficiente carbón para viajar desde Europa hasta Australia sin repostar. Fracasó como crucero de línea pero tendió con éxito el primer cable submarino en 1866.

El Barco

Era un verdadero gigante, destinado a ser maldecido por el Diablo. Tendrían que pasar más de sesenta años antes de que algún barco construido por mano humana se aproximara o igualara
las dimensiones del Great Eastern en su época. Ocho masivas máquinas de vapor movían el monstruo. Los pistones tenían un diámetro de seis pies. Aparte de aquel increíble despliegue de energía a vapor el barco llevaba seis mil quinientas yardas de velas auxiliares.

Seis mástiles hechos con árboles que Superaban los 115 pies de altura y cinco chimeneas que parecían pozos sin fondo. Fue considerado como el primer barco insumergible del mundo por el
sistema revolucionario de compartimientos estancos. Su sistema telegráfico tenía tantas ventajas que el Great Eastern sería como un campo de experimentación para el mismo.

Sus insaciables cavernas que parecían cavadas en los abismos de una negra montaña albergaban suficiente combustible como para nutrir a una pequeña ciudad de veinte mil habitantes por todo un año en invierno. Los camarotes de los pasajeros estaban iluminados por lámparas de gas, pero la cubierta superior tenía lámparas de arcos eléctricos. Veinte años antes de que Tomás Edison inventara el sistema.

El barco estaba diseñado para alojar cuatro mil pasajeros con todas las comodidades conocidas en la época Y algunas que aún no se conocían. El salón principal que corría entre la primera y segunda clase era de las dimensiones existentes en cualquier salón recibidor de un moderno hotel internacional. Este gigantesco salón estaba decorado con las sofisticaciones más increíbles. Mármoles italianos, sedas y damasquinas de Persia, terciopelos árabes, metales preciosos, todo era poco para la fantasía de los decoradores que habían trabajado en aquella maravilla sin parangón.

Sus Diseñadores

Lo más extraordinario del Great Eastern estriba en los hombres que le dieron vida al proyecto. Un hombrecito genial, adusto y solitario conocido como Kingdom Brunel y el todopoderoso millonario dueño nada menos que del diamante Hope. Extraña pareja en verdad.

Brunel, el diseñador, jamás en su vida había diseñado un barco. Era un genio en la construcción de ferrocarriles, tenía una habilidad especial para jugar en la bolsa, era un genio en el diseño de túneles y puentes y finalmente, se le temía por sus facultades psíquicas y poderes de comunicación con el otro mundo.

Antes de cumplir los veinte años, este extraordinario hombrecillo, construyó nada menos que el Túnel que cruzaba el río Támesis. Poco antes de su muerte inventó un forceps que, aún en nuestros
días es pieza básica en el instrumental de cualquier cirujano en el mundo ¿De dónde sacaba esos extraordinarios conocimientos Brunel? Nadie lo sabía.

El misterio más impenetrable rodeaba su vida hasta que se dio a conocer antes de ser mayor de edad construyendo la maravilla de ingeniería que constituye el túnel del Támesis.
Brunel unió bajo su influjo extraño y magnético una reputada serie de figuras a fin de trabajar en sus planos. Realmente ya los planos estaban realizados por él en su totalidad pero necesitaba la ayuda moral de estas personas debido a su inexperiencia como constructor de barcos, y este era el barco más grande del
mundo a construirse.

Entre los ayudantes había figuras extrañas. Allí estaba por ejemplo, el profesor Charles Piazzi (reputado astrónomo) profesor John Scott (piramidologista) y, hasta un mago profesional. ¿Qué representaban estos personajes en la construcción de una maravilla naval? Misterio, pero aún faltaba la coincidental más extraña de todas. El dinero para la construcción del monstruo futurista partió del bolsillo menos esperado, el dueño del Diamante Hope conocido en el mundo entero por su "maldición sobre los que lo poseían." ¿El Destino ligaba la maldición del diamante con el barco a construirse?

El banquero londinense Lord Henry Thomas Hope asumió la responsabilidad financiera y el conglomerado se unió bajo la denominación de Eastern Steam Navigation Company. Dos mil obreros se dieron cita el día programado para el inicio de las labores. El astillero se había situado en la isla de los Perros a un costado del Támesis.

Día y noche retumbaban los martillos de trescientos operarios colocando los clavos de una pulgada en grueso a fin de unir las descomunales planchas de acero. Y entonces comenzó la maldición del Diamante Hope a funcionar.

Las primeras victimas

Un joven trabajador de apenas quince años se cayó por uno de los costados que ya se alzaban a peligrosa altura falleciendo instantáneamente. Otro trabajador le siguió a la misma fatídica suerte en menos de una semana. Dos más cayeron de un andamio
falleciendo instantáneamente. Un silencio de muerte y pesimismo se cernía en el astillero. Los obreros no se atrevían a mirarse entre sí y expresar sus pensamientos.

Los periódicos de la época se apresuraban a proclamar que el Diablo maldecía a todos aquellos que se acercaran a la construcción mediante el Diamante Hope. La construcción disminuyó en su ritmo vital, pero no en su impulso. El barco tenía que ser construido en el tiempo marcado a como diera lugar y así sería. Y continuaban las fatalidades.

Uno de los ejecutivos de la compañía encargado de vender acciones de la misma moría de repente sin causa de por medio en plena sesión comercial. Las acciones caían de su mano al suelo entre espasmos cuando fallecía, como presagio de lo que le esperaba al Great Eastern.

Un visitante que se encontraba demasiado cerca de la construcción caía al suelo con la cabeza destruida por una de las grúas ante la aterrada mirada de los trabajadores que nada podían
hacer. Todas, absolutamente todas las muertes habían sido instantáneas. Y para colmo de desgracias una tarde a la hora del cobro se notaba la pérdida de dos trabajadores que colocaban remaches en las pailas interiores.

El capataz mandaba a buscarlos pensando que simplemente se había retrasado. Nada más lejos de la verdad. Los dos trabajadores se habían esfumado. Jamás volvieron a verse. De allí en adelante la atmósfera era de pánico en el Great Eastern que ya tomaba forma.
Comenzó a correr el rumor que, debido a la urgencia de la construcción ambos trabajadores habían sido sellados vivos en uno de aquellos paneles estancos.

La compañía se apresuró a desmentir este rumor catalogándolo de "infundado y malicioso." Pero lo cierto era que los trabajadores habían desaparecido sin dejar rastros.

Y por fin llegaba el ansiado día de la botadura oficial. Noviembre 3 de 1857. En ese día la hija del millonario banquero Hope estaba dispuesta a amadrinar el barco con la clásica botella de champagne. La señorita Hope alzó la botella sobre la borda y antes de que tuviera el tiempo de estrellarla bautizando el barco éste se desplazó ominosamente en las sólidas cadenas que lo sujetaban.

Ante la gritería de la inmensa multitud que se congregaba en el lugar el coloso de acero se doblaba hacia un costado aplastando vidas humanas. Dos hombres se ahogaban en las sucias aguas del Támesis tratando de escapar a la ominosa masa que se inclinaba. Una veintena más era reducida a pulpa. El cuadro no podía ser más espantoso, aves, aullidos de terror agónico, borbotones de sangre que escapaban bajo el costado del monstruo. Ese fue el bautizo que recibió el barco más grande del mundo; el bautizo de la sangre humana.

Un mes habría de transcurrir antes de que se acallara el escándalo suscitado en todo Londres. Los periódicos volvían a la carga con renovados bríos. Mostrando a la hija del banquero Hope con una mirada de consternación y la botella de champagne alzada en su mano derecha mientras que el barco se inclinaba. Después la lista inacabable de los descuartizados.

Al mes exacto se realizaba un nuevo intento de botadura en el Támesis. La multitud acudía en cantidades aún mayores que la primera vez, todos querían ver la siguiente etapa de la maldición Hope sobre el Great Eastern. Poco tardarían en saciar su curiosidad.
Evidentemente, bajo el excesivo peso de la multitud uno de los muelles cedía aparatosamente sepultando en el agua a cientos de espectadores. Entre los gritos de auxilio se olvidaba la botadura del inmenso monstruo.

Mientras que los equipos de rescate alineaban en los muelles cercanos los cadáveres ahogados de más de cien espectadores. De allí en adelante todo el que pasaba cerca de la isla de los Perros se hacía la señal de la cruz, como si el mismísimo demonio habitara en las entrañas de aquella masa negra que permanecía inmóvil en el astillero.

Al fin en el agua

Este golpe fue demasiado para el hombrecillo responsable indirecto de tanta sangre. El corazón de Brunel falló de repente y tuvo que ser internado. Casi dos meses más tarde se lograba al fin lanzar el hosco barco al agua grasienta y aún sangrante del Támesis. Era el 31 de Enero de 1858.

Para entonces la Compañía Eastern Steam Navigation se había declarado en bancarrota y una nueva compañía era formada con urgencia tras buscar nuevos accionistas. La nueva poseedora del Eastern se llamaba The Great Ship Companv. Seguían las inexplicables desgracias.

En una noche completamente en calma el Great Eastern, sin motivo aparente rompía dos de sus numerosas amarras y se balanceaba peligrosamente en el centro del Támesis. Los aterrados barcos menores escapaban a toda máquina mientras que la inmensa mole giraba en redondo. Finalmente, tras un par de accidentes con heridas superficiales en curiosos se lograba dominar al barco. El gigante homicida permanecería en sus amarras casi dos años antes de que se lograra reunir el suficiente capital como para iniciar sus viajes. Ya para entonces el Great Eastern era parte de la leyenda londinense. Tal como podrían serlo los Guardias Reales o los fantasmas en las viejas casonas embrujadas.

El 9 de Septiembre de 1859. Un enfermo, moralmente destruido y melancólico Brunel subía al inmenso barco para su prueba final antes de dedicarlo al transporte de pasajeros. Brunel apoyaba sus manos en el puente de mando. Todo estaba listo. Sus ojos miraban la gigantesca estructura elevaba el brazo para dar la señal de partida y caía muerto de una embolia. Tras de este último presagio ya nadie guardaba la menor duda de que la maldición de los infiernos había caído sobre el barco.

El sacerdote daba los últimos toques a la ceremonia en el cementerio. El ataúd de Brunel era alzado para después bajarle a la tumba cuando una terrible explosión se dejaba sentir en todo Londres. Una de las ocho pantagruélicas calderas del Great Eastern había reventado en mil pedazos. Nueve hombres que trabajaban en Great Eastern eran reducidos a llamas vivientes y se cocinaban vivos. Catorce más pasaban a los hospitales a punto de morir; y todo esto en pleno entierro de Brunel.

Pasarían dos meses antes de que la compañía lograra aplacar los ánimos de una forma parcial. Los periódicos pedían a voz en cuello que se libraran de aquel "diabólico monstruo" Los pasajeros se negaban a embarcar en el Great Eastern. En un viaje de prueba
el primer maquinista perdía la mano en una caldera.

Todo estaba preparado para el fantasma del Great Eastern. Durante días los tripulantes se habían venido quejando de unos extraños martilleos que se escuchaban en los pasillos. El mismo capitán los había oído en noches insomnes y nadie sabía a ciencia cierta de donde procedían los mismos. Los más espantosos rumores comenzaron a escucharse entre la marinería.

Una parte de ellos decía que los mismos se debían a que las paredes estancas de acero estaban cediendo. Que era una cuestión de días el hundimiento. La mayor parte decía que se trataba de aquella pareja de obreros supuestamente empalada viva en las entrañas del barco. Lo cierto es que el martilleo seguía incesante, terrorífico.

La tripulación del barco terminó
por amotinarse. Los motines y disturbios fueron tan violentos que la mitad de
la tripulación tuvo que ser colocada tras las rejas. El 21 de enero de 1860 el
capitán Harrison, varios de sus más fieles oficiales y un niño de nueve años
abandonaban el barco en una misión rutinaria. Aún no se habían separado media
milla del mismo cuando, de forma inexplicable el bote en que viajaban era presa
de un remolino volcándose. El capitán Harrison, dos de sus oficiales y el niño
perdían la vida en las turbias aguas del Támesis.

El primer viaje

Era el primer caso en la historia
en el cual un capitán no podía tomar posesión de su barco, aún cuando llevaba
más de un año y medio a bordo del mismo. El 17 de junio de 1860 el Great Easten
lograba el permiso para abandonar el puerto. Era el primer viaje con pasajeros
del monstruo siniestro y criminal. Para esta travesía solo pudieron encontrarse
36 pasajeros a pesar de los precios de liquidación que ofrecía la compañía
propietaria. Viajar en el Great Eastern era sinónimo de muerte. Los pasajeros
eran despedidos por familiares y amigos como si marcharan directamente al
infierno. Más que un viaje de placer lucía que los infortunados 36 seres
humanos se disponían a viajar en la Barca directa al Infierno.

En el primer día se decidió
probar el inmenso velamen que hasta aquel momento y en casi tres años y medio
no se había movido. Las seis mil quinientas yardas de velas tardaron más de
seis horas en ser desplegadas, sólo para encontrarse que la mayor parte de
ellas estaban inutilizadas. Definitivamente no se podía contar con el velamen.

Esta perspectiva no era nada
agradable para el nuevo capitán John Vine Hall, porque su experiencia le decía
que podían necesitarlas en cualquier momento. Y esto sucedió muy pronto. Las
máquinas fallaron al siguiente día de la prueba con el velamen. El ominoso
presagio del capitán se había cumplido.

Por tres días la increíble mole
viajó al garete de un lado al otro. A merced de las fuertes corrientes del
lugar. En aquellos momentos si se hubiesen cruzado con otro barco hubiese sido
imposible evitar la colisión. Tres días de angustias vivió el capitán Vine
Hall, pero en ellos se dio maña en distraer a sus escasos pasajeros con
conciertos de violín y piano, mientras la negra mole viajaba al rumbo entre una
espesa neblina.

El gran salón principal, orgullo
del Great Eastern se descubrió al quinto día que no podía ser usado. Dos de las
chimeneas principales corrían por él. Cubiertas por una espesa capa de
decoración, pero cuando las chimeneas funcionaban el calor era tan insoportable
que aquello se convertía en un horno. Como bien recalcó un pasajero en el
viaje: "El Gran Salón, decorado en rojo terciopelo parecía la antesala del
Infierno en aquel calor diabólico"

El 25 de Junio un tripulante se
volvió loco de repente. Saltó sobre los pasajeros y miembros de la tripulación
hiriendo a varios de ellos con un filoso cuchillo y profería denuestos y
obscenidades clamando que "respondía a órdenes divinas." Tuvo que ser
reducido a la impotencia tras dejar un mar de sangre en la cubierta y encerrado
a cal y canto por el resto del viaje.

El Great Eastern se encontró
envuelto en este viaje por la niebla y los enormes icebergs glaciales que
cruzaban el océano. El piloto descubrió para su horror que el enorme armatoste
no respondía al timón y que sus movimientos apenas podían ser controlados.
Cuando el Great Eastern, finalmente llegó a Nueva York era el último día de
junio. La pesadilla del viaje tenía que tener un final de acuerdo a las
circunstancias. El barco fuera de control se precipitaba contra los muelles y
la multitud que le aguardaba. Los gritos de bienvenida y las risas de los
americanos se transformaban en chillidos de espanto y ayes de dolor mientras
que la descomunal proa atropellaba algunas personas.

Sin embargo el pueblo americano
desconocía o ignoraba la reputación de "maldecido por el Diablo" que
seguía al barco. En derredor del mismo se organizaban todo tipo de fiestas,
expendios populares y hasta ferias. En el centro de este tumulto que ya duraba
una semana sucedió lo que podía esperarse de su fama. Mientras que la multitud
bailaba y se divertía sobre el aserrín fresco puesto en los lugares embestidos
por el barco, para cubrir las manchas de sangre, estallaba un incendio en el
muelle principal.

De nuevo las risas y las fiestas
se convertían en un "sálvese quién pueda." Lo que es más, la
conflagración amenazaba con llegar a las cavernosas fuentes de suministros del
Great Eastern. Esto hubiese significado una explosión como jamás se conociera
en la historia de la Humanidad.

Tras una enconada lucha por el
departamento de bomberos se lograba dominar el siniestro, no sin que antes
nueve bomberos pasaran al hospital materialmente achicharrados vivos.

Tras de una infortunada gira en
la cual el Great Eastern tomó dos mil pasajeros para cruzar hasta New Jersey y
en la cual hubo de todo, el Great Eastern estaba dispuesto para volver a
Londres. Esta vez cien pasajeros viajaban a bordo. El viaje de vuelta no
transcurrió sin incidentes. Hubo un par de muertes. El barco embistió un pequeño
remolcador mandándolo al fondo del mar y uno de los directores de la compañía
que estaba a bordo murió de un ataque al corazón.

En el verano de 1861 el gobierno
inglés decidió usar el Great Eastern como transporte de tropas desde Inglaterra
hasta Canadá. Junto con las tropas iban como pasajeros 473 mujeres y niños. 400
en la tripulación y 122 caballos. Esto sin contar con la tropa que totalizaba
casi tres mil soldados. El primer día del viaje se caracterizó por un
inesperado motín que no parecía tener motivo (aparentemente la tropa deseaba a
las mujeres) Lo cierto es que hubo más de diez muertos y de nuevo la sangre
corrió como agua por la cubierta superior del monstruo maldecido.

La armazón del Great Eastern fue
incapaz de evitar un glaciar que abrió un amplio hueco en sus costados y que de
paso mató una gran parte de los caballos en la segunda cubierta. El ejército
inglés se dio prisa a cancelar su contrato para transportar tropas en el Great
Eastern, destruyendo las esperanzas de ganancias en la compañía al borde de la
quiebra.

En Septiembre de 1861 se logró
completar un nuevo viaje hacia Nueva York. Cuatrocientos pasajeros decidieron
correr el riesgo de viajar en aquel barco maldecido... Sólo para encontrarse
que habían cometido el peor error de su vida.

A merced de una tempestad fuera
de temporada (los dos viajes del Great Eastern habían tropezado con tempestades
no previstas) el barco perdió sus paletas impulsoras. Una chimenea explotó. El
Gran Salón quedó a merced de los pesados pianos que se movían de un lado al
otro como toros enfurecidos destruyendo toneladas de cristalería y tapicería.
Los pasajeros sufrieron más de cien bajas entre lesiones físicas y enfermedades
aún cuando ninguno llegó a morir. Aterrados, se amontonaban como cadáveres en
un rincón del segundo salón, mientras que la carga libre de sus ataduras corría
por los inmensos pasillos destruyendo y aplastando todo lo que encontraba a su
paso.

Las vacas vivas que se guardaban
bajo cubierta para ser sacrificadas se soltaron y arremetieron contra todo
aquel que se le cruzaba en su camino. El cuadro era dantesco, las luces
fallaron. En verdad podía compararse fácilmente con el Infierno del Dante.

Y al final de este horroroso
viaje la tripulación volvió a amotinarse en el medio de la tempestad. Los
quejidos de los heridos, la sangre corriendo por los mármoles, la carga
destrozando todo a su lado. y los animales embistiendo con los hocicos llenos
de espuma sanguinolenta en la más completa oscuridad completaron el cuadro
psíquico.

Los dementes eran cazados a tiros
en la cubierta. Los vivos luchaban entre sí por botines en los camarotes. El
más espantoso caos reinaba en el barco en tinieblas y sin control en pleno
océano. Y en el centro de esta tragedia horrenda los pocos pasajeros que aún
conservaban la lucidez mientras que contemplaban el batallar de tripulantes y
ladrones a la luz de los relámpagos podían oír el martilleo de los fantasmas en
las bodegas sumergidas.

El gigantesco monumento a la
maldición extraña del diamante Hope fue encimado a un astillero para
reparaciones. Los obreros que trabajaban en el casco apenas duraron un día,
hasta que los martillazos misteriosos se dejaron sentir en los recónditos
paneles sellados. El capitán se rió de esto, hasta que los oyó por él mismo.
Irónicamente, el Great Eastern, que representaba un paso en el futuro, un
avance de cincuenta a setenta años a su época, también fue el iniciador de la
ciencia ficción.

En 1867 dio su último viaje
llevando pasajeros desde Nueva York hasta la Exposición Mundial que brindaba
Luis Napoleón en Paris. Allí el escritor de ciencia ficción Julio Verne tomó el
barco como modelo para describir el superbarco que utilizaría en su novela La
Ciudad Flotante.

Y de nuevo el barco se veía
envuelto en una aventura fuera de su época cuando se le destinaba para llevar
el primer cable telegráfico bajo el océano entre Londres y Nueva York. Tras mil
doscientas millas de cable lanzado al fondo del océano, éste se rompió en
pedazos perdiéndose en el mar una fortuna en metal y las esperanzas de
comunicar los dos continentes.

Pero en la vida de aquella
maravilla flotante que jamás llegó a serlo habría de suceder algo positivo. Un
año después, tras un viaje accidentado el Great Eastern llegaba orgullosamente
a Nueva York. Había tirado el cable submarino que unía los dos continentes.

De allí en adelante el Great
Eastern entró en un proceso de humillación progresiva. Su primer triunfo fue el
último. Terminó rodeado de chatarra en el Támesis. Sus ciclópeos costados se
tomaron como vallas para pintar letreros propagandísticos en el barco muerto.
Mientras que el óxido y la corrosión le mellaban su efímera vida. Por fin se
decidió convertirlo en chatarra.


Fuente: Wikipedia

Enlace

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BARCOS CON HISTORIA

EL TRANSPORTE ANGAMOS

EL BUQUE

Ex "Belle City of Cork". Construido en
astilleros James E. Scott, Greenock para la Cork Steam Packet Co.,
Cork. Casco de fierro y propulsión a hélice. Máquina construida por
Greenock Foundry Co. Tenía tres mástiles y aparejo de goleta.
Se compró en $ 222.000 en Inglaterra por Decreto del 17 de octubre
de 1879 y se le puso ese nombre en homenaje a la reciente Batalla Naval
de Angamos.
Se le habilitó como crucero auxiliar e hizo toda la campaña de
la Guerra del Pacífico. Participó en los bombardeos de Arica y El
Callao.
El 11 de diciembre de 1880 un accidente hizo volar el cañón de 8", matando al Teniente Tomás Segundo Pérez.

A su bordo el 9 de septiembre de 1888, el Capitán de Corbeta
Policarpo Toro Hurtado tomó posesión de la Isla de Pascua, en nombre
del Gobierno de Chile.
Naufragó el 2 de abril de 1890 en la isla Tres Dedos, del
grupo de islas Ballenar, a la salida del canal Darwin, en el
archipiélago de Chonos o Guaitecas, cuando se encontraba comisionado en
la rebúsqueda de los náufragos del vapor inglés " Gulf of Aden ".
Fuente: Armada de Chile, www.armada.cl


LA TRAGEDIA DEL ANGAMOS
Por Héctor Cuevas Miranda (*)


VIAJE Y HUNDIMIENTO

El transporte llegó a Punta Arenas a comienzos del mes de junio de ese
año 1928. Hay dos versiones: una, que era un viaje normal para
trasladar a los marinos y sus familiares y a los conscriptos que
licenciados volvían al norte. La otra, que habiendo muchos obreros que
no podían pagar sus pasajes en un barco comercial, el gobierno dispuso
que se los trajesen a su zona. Sea como fuera, las dos versiones se
juntan. Tripulación y pasajeros sumaban 295 personas. Salió de las
aguas magallánicas a mediados de ese mes.

El viaje se hizo con normalidad. Entre toda la gente hubo camaradería y
amistad. Se dice que no se distinguían clases sociales. En las noches
se hacían veladas musicales. La noche antes de llegar a Puerto Montt
era notorio que el ánimo había decaído. Arribó a la ciudad-puerto del
Reloncaví el 25 de junio a las 15 horas donde se constató que bajaron
algunos pasajeros, como fin de viaje, y, a la vez, subieron otras.
Zarpó rumbo al norte el 2 de julio. Llamó la atención a mucha gente,
entre ellos periodistas de El Llanquihue, que diera vueltas alrededor
del Errázuriz, a quien le había entregado carbón, hacer señales con
banderolas y enfilar rumbo al sur. Se le veía la línea roja de
flotación. Era una nave estilizada.

LA TRAGEDIA

Ya en el litoral central se desencadenó un temporal fuerte que azotaba
caletas y puertos en especial a toda la región de Arauco.

Testigos presenciales que se salvaron contaron algo de la tragedia. Las
noticias del 8 de julio eran incompletas y distorsionadas al principio
por las emisiones y recepciones de los mensajes de la radiotelefonía
como de los signos telegráficos. Nombres distintos de la nave
siniestrada, y apellidos alterados de las personas.

El Angamos a la cuadra de Lebu perdió los guarnes del timón y después
toda esa vital pieza, quedando, entonces, al garete. Se lanzó un
llamado de auxilio que fue interceptado por el barco Apolo el cual lo
transmitió a la isla Mocha y desde este lugar al Apostadero Naval de
Talcahuano cuyo jefe, comandante L. Nieto habría ordenado que zarpara
el Zenteno y el Elicura que estaban en dicho puerto; y el Yelcho y
Sibalt que se encontraban en Puerto Montt y Valdivia, respectivamente,
para dirigirse al posible lugar del accidente. Pero la ubicación no era
exacta ya que el Angamos no alcanzó a darla.

Testigos como los conscriptos Aguilera y Avendaño manifestaron que el
transporte navegaba a casi toda velocidad en medio de la obscuridad
chocando entre dos rocas en un bajo cerca de Punta Murgulla. Había sido
a las 10 horas de la noche, y a la una todavía muchos luchaban por sus
vidas. La nave se había hundido y los botes zozobraban repletos de
gente.

En cierto momento de esa noche
trágica se escuchó un estampido de un tiro de fuego, y todos los que se
salvaban de algún modo pensaron que el digno capitán don Ismael Suárez
se había suicidado al no poder salvar su nave. Y lo mismo se le escuchó
decir al teniente Fernando Vega que se quedaría en el buque y moriría
como marino y chileno.

Al día ya, con su
relativa claridad, el cuadro era desolador: cadáveres de uniformados y
civiles, hombres, mujeres, niños; elementos del buque. Dicen que el
cuadro más patético eran ver rostros carcomidos, desfigurados o con
muecas de espanto.

EL CAPITAN SUAREZ

El capitán de Corbeta don Ismael Suárez Maldonado, era un respetado
oficial de la Armada Nacional. Se había retirado temporalmente para
desempeñarse en la secretaría de Correos y Telégrafos. Reincorporando,
se le nombró comandante del transporte Angamos. Estaba casado con la
señora Rosa Cárdenas y tenía un hijito, quienes vivían aún en Santiago.
Vivían también en la capital su señora madre y su hermano Juan.

Por falta de espacio, daremos 3 nombres de oficiales y 3 de tropa.
Oficiales Segundo Comandante, Teniente 1º, don Alberto Pérez Canto
Rodríguez; Teniente 2º Fernando Vega Avila; ingeniero 2º Osvaldo
Rodríguez Avaria.

Tropa: Sargento 2º Francisco Escalona López; Marinero 1º Ismael Contreras Zamorano; Cabo 1º Sixto Gómez Vidal.

Entre otros muchos, doña Corina Ureta y dos hijos; Rosa Ballestero; Catalina Betancourt vda. de Díaz; José Gallardo y su nieto.

Don Manuel Valenzuela que era ingeniero de la Armada. Llevaba a un
hermano enfermo que vivía en Chinquihue. No quisieron irse en tren y
esperaron al transporte. Lo mismo el tripulante del Errázuriz quien
junto a su familia esperó al Angamos. Igualmente los tripulantes del
mismo navío, Ramón Prado, Manuel González y Manuel Cid. Lo mismo que el
teniente Miguel Acevedo alcanzó a embarcarse porque dos días después de
la llegada del Angamos a Valparaíso contraería matrimonio.

Por el contrario, el guardiamarina Ballard del Angamos y que había sido
estinado al Siebalt que estaba en el litoral central y donde debería
tomarlo, solicitó que lo pudiera esperar al navío en Puerto Montt a
donde llegaría pronto. El comandante Suárez aceptó.

Además se dijo que la señora Ernestina Bustos de Steeman, profesora del
Liceo de Magallanes, que iba a Concepción habría bajado en Puerto Montt
desde donde viajaría en tren.

UN CASO ESPECIAL

Don Luis Valdés Vega era un funcionario de
Aduana en Punta Arenas y que en vez de seguir en el mismo Angamos se
quedó en Puerto Montt para seguir también en tren. Su testimonio se lo
dio al periodista y escritor Wilfredo Mayorga, casi 40 años después del
suceso, fecha en que aún se preguntaba qué fue lo que le indujo bajarse
en Puerto Montt y seguir en tren. Mencionaba que el mes de junio
siempre había sido para él un espacio especial.

Había llegado a Punta Arenas en junio de 1908 siendo un niño huérfano
al hogar de un tío. Salió y regresó en los meses de junio cuando era un
joven funcionario de Aduanas; en junio de 1925 casi pierde la vida en
un accidente en Natales. Y en junio de ese 1928 se había embarcado en
el Angamos, para bajarse en Talcahuano, ir a Talca, su tierra natal, y
luego a Valparaíso para defender dos ascensos.

Como le resultaba oneroso viajar en los vapores corrientes, empezó a juntar dinero para hacerlo. Pero un día llegó el Angamos.

Desde hacía un par de años le unía en amistad con el capitán que
reconstruyó el Fuerte Bulnes y que con el tiempo llegó a ser el
Comandante en Jefe, don Ramón Cañas Montalva. El gentil oficial lo
contactó, en aquella oportunidad, con el capitán Suárez quien aceptó
llevarlo como pasajero y pasó a ser amigo suyo también.

A bordo del Angamos congenió con toda la gente en los días y noches de
alegría y canto; y escuchando, tal vez, el canto de una misteriosa
niña. La noche anterior a la llegada a Puerto Montt, él junto al
Teniente Pérez Canto notaron el silencio y tristeza en el buque.

Cuando el Angamos zarpó, él sin justificación aparente no se embarcó y
quedó mirando la partida mientras sus amistades le gritaban que se
quedaba a causa de alguna niña. El respondía que los alcanzaría en un
bote. Junto a sus pocas cosas no se desprendía de un encargo de un
joven para su padre: el poeta Samuel Lillo.

Al día siguiente viajó en el tren hacia el norte. Días después al pasar
por El Mercurio leyó en la pizarra la triste noticia de aquel Angamos.
Dijo en voz alta "Lo que son las cosas, yo iba en ese viaje y me quedé
en Puerto Montt". Reflexión que fue escuchada por el periodista y poeta
de Las Ultimas Noticias, Manuel Gandarillas, que además le preguntó al
también periodista y escritor Daniel de la Vega que también escribió
algo sobre la niña cantante.

Don Luis
Valdés era poeta; había ganado concursos. Fue jurado que definió el
voto del primer lugar de un trabajo firmado por don Hugo del Sur, que
resultó ser nuestro Francisco Coloane.

El Llanquihue publicó aquel año una poesía referente a la niña misteriosa.


(*) Artículo extraido del Diario "El Llanquíhue" , www.llanquihue.cl

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BARCOS CON HISTORIA

LA ESCAMPAVIA YELCHO


La Escampavía Yelcho, comandado por el Piloto Segundo Luis Alberto
Pardo, protagonizó uno de los salvatajes antárticos más conmovedores de
nuestra historia naval, al rescatar con vida a los tripulantes de la
expedición científica del inglés Sir Ernest Skackleton. Esta nave fue construida el año
1906 en los astilleros de Glasgow, como buque ballenero. Era un
remolcador construido totalmente en acero, su peso era de 480
toneladas, y contaba con una caldera, una chimenea y 600 caballos de
fuerza. Media 35 metros de eslora y 7 de manga. Luego de dos años de
operaciones como ballenero, en 1908 fue vendida por la Sociedad Yelcho-Palena a la Armada Nacional, cambiando su destino primigenio al
de buque de transporte e investigaciones oceanográficas en los mares
del Sur.

Poco
después de estallar la Primera Guerra Mundial, los primeros días de
Agosto de 1914, zarpa desde Plymouth la expedición de Shackleton,
siendo su principal objetivo el de delimitar las costas del continente
antártico a la vez que realizar un viaje interoceánico. Este viaje se
realizó en la nave Endurance, habilitada especialmente para tal
propósito. La travesía desde Inglaterra hasta Buenos Aires les tomó dos
meses, zarpando desde esta ciudad, rumbo a la Isla de Georgia del Sur.
El 5 de Noviembre el Endurance continuó su viaje, hacia el Mar de
Weddell. Sería aquí, donde la expedición quedó atrapada por casi un año
en un pack ice. El 24 de Octubre de 1915; decidieron abandonar la nave,
antes de que se hundiera definitivamente debido a la presión que los
hielos ejercieron sobre su casco, hecho que ocurrió el 20 de Noviembre
de 1915.

Recuperando lo que más pudieron, entre lo que se
contaban botes, perros de tiro, provisiones, y todo tipo de materiales,
los naúfragos comenzaron un nuevo periplo cuyo fin era alcazar la Isla
Elefante. Luego de desplazarse sobre témpanos de hielo y navegar en los
pequeños botes, llegaron a la Isla, el 21 de Abril de 1916. Una vez
aquí, y habiendo levantando un campamento, Shackleton decidió partir a
buscar rescate con 5 de sus hombres a la Isla Georgia del Sur . Les
separaban 870 millas de su próximo objetivo.

Partieron de Isla
Elefante el día 24 de Abril, en un bote de apena 8 metros de eslora.
Sorteando las inclementes condiciones climáticas ,llegaron en el
extremo de sus fuerzas, un día 10 de Mayo a la Isla. Desembarcaron en
el extremo opuesto de Puerto Husvik (estación ballenera) siendo la
única posibilidad la de atravesar esta isla caminando, cosa que hasta
ese momento nadie había realizado. Luego de andar por 40 horas,
atravesando venstiqueros y cumbres que se empinaban por sobre los 3.000
mts. llegaron al puerto, donde fueron recibidos con asombro y
entusiamo, pues la expedición del Endurance se daba por pérdida. En ese
mismo momento Skacleton comienza a trabajar nuevamente en el rescate de
los 22 tripulantes que esperaban en la Isla Elefante.

El primer
intento de rescate se realizó a fines de Mayo en el ballenero Southern
Sky, que bajo el mando del capitán noruego Thom, intentaria llegar a la
Isla Elefante; lo que no fue posible debido a un compacto conglomerado
de hielo que rodeaba la isla. Luego de golpear las más diversas puertas
solicitando ayuda en este rescate, el gobierno uruguayo le facilitó un
pequeño buque de inspección el Instituto de Pesca n°1, el que, al mando
del Teniente de Navío Ruperto Elirichi-Behety, zarpa hacia la Isla
Elefante el 10 de Junio de 1916, logrando estar a tan sólo 10 millas de
su objetivo, debe deternerse pues tampoco puede vencer al gran
conglomerado de hielo que rodeaba a la Isla. Posteriormente de este
nuevo fracaso Shackleton viaja a Punta Arenas, consiguiendo realizar un
nuevo intento en la Goleta Emma perteneciente a Sara Braun. Después de
23 día navegando y sin estar siquiera cerca de la Elefante debieron
regresar a Punta Arenas.

En un cuarto intento Sir Ernest
Shakleton solicita autorización al Gobierno chileno para utilizar el
escampavía Yelcho en el rescate de los 22 naúfragos. Concedida la
autorización del Gobierno, y aprovisonado con carbón y todo lo
necesario , la Yelcho zarpó de Punta Arenas el día 23 de Agosto de
1916. Habiendo el Piloto Pardo estudiado detalladamente la ruta,
atravesaron el Estrecho, los Canales y el Beagle sin mayor novedad. Sin
embargo al salir a mar abierto las condiciones climáticas variaron,
existiendo una densa neblina. Faltando aún 150 millas para la isla, la
neblina era tan densa que no se veía más allá de la proa del barco. En
esas condiciones, llegaron hasta los rompientes de la Isla Elefante,
aunque ya no existia un cinturón de hielo que rodeara la isla, el paso
no estaba libre. Estando a una milla de la costa se rompió un témpano
siendo uno de sus pedazos una gran obstrucción. En ese momento crucial,
el Piloto Pardo decidió lanzar la Yelcho contra la mole de hielo, la
que increíblemente soportó tenazmente este choque, quedando en
definitiva libre el paso. Así, después del mediodía del 30 de Agosto de
1916 los tripulantes de la Yelcho pudieron ver con claridad a los 22
naúfragos, quienes no daban crédito a lo que sus ojos veían.

La
Yelcho, protagonista heorica de este salvataje fue construida el año
1906 en los astilleros de Glasgow, como buque ballenero. Era un
remolcador construido totalmente en acero, su peso era de 480
toneladas, y contaba con una caldera, una chimenea y 600 caballos de
fuerza. Media 35 metros de eslora y 7 de manga. Luego de dos años de
operaciones como ballenero, en 1908 fue vendida por la Sociedad
Yelcho-Palena a la Armada Nacional, cambiando su destino primigenio al
de buque de transporte e investigaciones oceanográficas en los mares
del Sur.
Fuente:http://www.monumentos.cl


Escampavía: Una escampavía (<escampar: despejar) fue un tipo de
buque de las marinas de guerra y guardacostas caracterizado por su
escaso tonelaje y calado, con casco de hierro y propulsión a hélice. El
escampavía no solía desplazar más de 500 toneladas desarrollando velocidades de hasta 10 nudos
El conjunto se completaba con un cañón de escaso calibre. Era
habitualmente destinado a labores auxiliares, como la guía y
exploración para naves mayores de la flota por calas poco profundas,
apoyo a faros, patrullaje, persecución del contrabando y salvamento.
Por lo mismo, se esperaba que pese a su reducido tamaño la nave tuviera
algunas capacidades marineras. Es una designación que se utilizó
especialmente entre finales del siglo XX y la primera mitad delsiglo XIX La palabra ya no se aplica a naves activas.
Fuente: wikipedia

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BARCOS CON HISTORIA

EL REMOLCADOR BRITO

El 22 de Octubre se cumplieron cincuenta y cinco años de la tragedia marina.
POR GERMAN BRAVO VALDIVIESO (*)



El buque había sido construido en valdivia , por los astilleros de Alberto Daiber y Cía. en 1935 bajo el nombre de "Pelantaro" y había sido diseñado para desempeñar labores de remolcador de puerto.
En 1952 se decidió destinarlo a buque auxiliar de la escuadra, lo que significaba largas navegaciones en mar abierto, trabajo diferente al de los puertos para el que había sido construido. Zarpó al norte desarrollando los ejercicios programados y, cuando se estimó que sus servicios ya no serían necesarios se le ordenó dirigirse desde Los Vilos a Valparaíso. Navegaba al mando del subteniente Ramiro Frías. El 22 de Octubre recaló al puerto de Papudo, donde se encontraba el resto de la escuadra y embarcó, en calidad de pasajeros, a los tripulantes que tenían urgencia en regresar, entre los que se encontraba el subteniente Carlos Martínez Aztorquiza y el Sargento de la marina norteamericana Foster Linwood Jarvis, miembro de la misión naval de su país en Chile y que permanecía en comisión en el buque insignia, el crucero "O"Higgins".

LA TRAGEDIA

Navegaba el "Brito" de noche, con una espesa cerrasón y nula visibilidad, constituyendo su compás magnético el único instrumento de navegación de que disponía. Veintidós minutos pasado las 10 de la noche, el buque chocó, en forma violenta con las rocas existentes al noroeste de los farellones de quintero se rompió el casco y el agua rápidamente inundó los departamentos de máquinas y de calderas, provocando la explosión que destrozó la nave en 3 minutos.
El cabo radiotelegrafista, Raúl Aravena, alcanzó a lanzar la señal de auxilio, pero no tuvo tiempo de indicar la posición en que se encontraban.
El SOS fue captado por el buque insignia de la escuadra y por la estación naval de Valparaíso, conociendo así la emergencia, pero sin tener una idea clara del lugar del naufragio.
Las fragatas "Baquedano" y "Covadonga", que estaban en alta mar recibieron la orden de iniciar la rebusca sobre la ruta más probable que debía haber seguido el remolcador mientras el crucero "O"Higgins" zarpaba de Papudo.
A pesar de intensa rebusca realizada por las dos fragatas, no encontraron vestigio alguno del naufragio , por lo que pensando que el "Brito" hubiera navegado al sur más cerca de la costa que lo conveniente y se hubiera incrustado en los farellones de Quintero , el Buque insignia con sus potentes proyectores, comensó a iluminar la tierra, desde Papudo hasta las temidas rocas, con la idea que sus restos pudieran estar visibles y varados sobre las piedras.
Pasada la medianoche, mientras la neblina aumentaba y el crucero continuaba rodeando las rocas, su comandante, Donald Mc Intyre, decidió alejarse un poco del lugar por motivos de seguridad, instante en que subió al puente el teniente Carlos Le May, que venía saliendo del interior del buque y que a pesar del ruido del viento, de las olas y del buque mismo, le hizo presente que escuchaba gritos en el mar, por lo que el proyector fue enfocado en la dirección hacia donde creía escucharlos y pudieron divisar un remo mantenido verticalmente, con un trapo blanco a modo de bandera y a un marinero hincado sobre una gruesa puerta de madera que flotaba, mientras a su alrededor nadaban otros tres.
Al producirse el impacto, al rededor de 20 tripulantes alcanzaron a saltar al agua, pero en las cuatro horas transcurridas, fueron perdiendo el conocimiento o sufriendo hipotermia, mientras veían pasar las fragatas sin que los ubicaran y al crucero que se alejaba de los farellones.
Tan sólo quedaban cuatro sobrevivientes, entre los que se encontraban Frías y el srgento norteamericano, quien no sabía nadar, por lo que sus compañeros lo subieron a una puerta que flotaba.
Una embarcación del "O"Higgins" recogió a los cuatro náufragos sobrevientes, mientras los 24 restantes murieron ahogados. Las causas del accidente nunca quedaron claras, estableciéndose errores en las cartas de navegación y defectos en el compás magnético del buque.


(*) Artículo publicado en el diario "El Sur" de Concepción Chile, www.elsur.cl