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DESDE EL LADO DE ACÁ

Il faut voyager loin en aimant sa maison, APOLINAIRE

30 Septiembre 2007

LOST IN TRANSLATION

Hoy he vuelto a ver por quinta o sexta vez este año, "Last in Translation" de Sofia Coppola, con Bill Murray, y Scarlet Johanson. Conozco pocas mujeres que pueden mostrar tal apariencia de desamparo en una sola mirada y que despierten los más nobles sentimientos que que pueda ser capaz un hombre. Creo que al igual que el personaje de Bill Murray yo también me habría bajado de ese taxi y aravezado medio tokio para abrazarla. Además de la bella Scarlet la cinta tiene una excelente banda sonora que recorre entre karaokes. Una hemosa fotografía muestra un Tokio exesivo de color y luz con calles saturadas de tráfico, y casi desapercibido el Fujillama, sirve de fondo surrealista para los intentos golfísticos de Bill Murray.
Perdidos en Tokio, es de esas que me gusta repetir.

Transcribo a continuación un comentario de Diego Batlle, Periodista Argentino, Crítico de Cine del "Diario La Nación"

"...Muy pocos directores norteamericanos contemporáneos son capaces de
explorar y develar en toda su amplitud la riqueza interior, las
contradicciones más íntimas de sus personajes. La guionista y directora
Sofia Coppola es, sin dudas, una de esas excepciones.

Dueña de un fascinante mundo personal, de una sensibilidad que no
sabe de excesos y de una gran elegancia para la puesta en escena, esta
joven de 32 años consigue con su segundo largometraje una agridulce e
inclasificable mirada sobre las relaciones humanas que es, al mismo
tiempo, una comedia de enredos y un melodrama romántico, pero sin caer
jamás en los lugares comunes ni en las convenciones fundacionales de
ambos géneros.

"Perdidos en Tokio" ha sido comparada con otros films sobre
encuentros casuales cargados de nostalgia, seducción y exotismo como
"Antes del amanecer", de Richard Linklater, o "Con ánimo de amar", de
Wong Kar-wai, pero Sofia Coppola evita el intelectualismo del primero y
la carga romántica del segundo. Mucho más lejos aún queda la impronta
sexual del "Ultimo tango en París", de Bernardo Bertolucci.

La directora confía en su poder de observación, en el poder
sugestivo de la cámara manejada por el exquisito fotógrafo Lance Acord
("¿Quieres ser John Malkovich?", "Buffalo 66", "El ladrón de
orquídeas") y en la ductilidad expresiva de sus dos protagonistas para
dotar de verdad a cada mirada, a cada mínimo gesto y a cada silencio, y
evitar así refugiarse en un típico guión made in Hollywood lleno de
complicaciones, vueltas de tuerca y fuertes revelaciones.

El film es una pequeña obra de cámara sobre los distintos encuentros
entre dos personajes tan atribulados como opuestos entre sí que
alcanzan una extraña conexión, pero ambientada en medio de la
artificialidad de un hotel cinco estrellas y de la inmensidad
desoladora y alienante de una jungla de neón, cultura pop e insólitas
costumbres, como la que a cada momento ofrece esa inmensa y
desconcertante urbe que es Tokio.

Bob (el eximio Bill Murray) es una estrella de Hollywood que llega a
Japón para ganarse con facilidad dos millones de dólares por encabezar
la campaña publicitaria de un whisky y, según confesará, también para
descansar de su desgastado matrimonio y de un hijo al que no le presta
demasiada atención. Charlotte (la ascendente Scarlett Johansson), en
cambio, es una joven graduada en Filosofía en Yale que arriba al mismo
hotel acompañando a su desagradable marido (Giovanni Ribisi), un
fotógrafo más interesado en retratar a estrellas de rock que de
preocuparse por las cavilaciones de su esposa.

Las dos criaturas de Coppola se cruzan en el ascensor y en el bar
del hotel, y pronto descubrirán que tienen mucho más en común que el
jet lag, el insomnio y las horas que pasan haciendo zapping entre
patéticos shows de la tevé japonesa: mientras ella atraviesa una crisis
vocacional típica de los veinteañeros, él pasa por una más existencial
propia de los hombres de 50 y pico, y mientras ella descubre cuán
vacuos han sido sus dos años de casada él convive con las miserias y
las hipocresías acumuladas durante 25 años de matrimonio.

No todos los pasajes ni las distintas aristas de "Perdidos en Tokio"
alcanzan el mismo interés. Hay algunos gags físicos geniales pero
innecesarios (como las desventuras de Bob en una sala de aparatos
gimnásticos), hay algunos personajes secundarios que rozan el
estereotipo caricaturesco (como el de la joven actriz californiana, una
rubia tonta que remite a Britney Spears y Cameron Diaz) y ciertas
ironías burlonas respecto de la sociedad japonesa que, si bien no
llegan al prejuicio, caen por momentos en el pintoresquismo.

De todas formas, hay en "Perdidos en Tokio" algunos picos de un cine
que llega a gran altura, como la escena en que Bob y Charlotte
comparten la cama, pero no para caer en el facilismo de un fugaz
encuentro sexual, sino para compartir una noche de complicidades, para
confesarse los secretos y mentiras más profundos, para intentar
encontrar un lugar en el mundo en el lugar más insólito del mundo. La
realizadora prefiere la intensidad emocional al erotismo (sus manos
apenas se rozan) para retratar toda la desesperación y la soledad de
estas dos almas perdidas. Esta historia de amor, que no necesita
consumarse para emocionar, está trabajada con toda la delicadeza y ese
refinado tono suave y sin efectismos que Coppola le imprime a su
narración.

Murray logra otro de sus extraordinarios trabajos (como en "Hechizo
del tiempo" o "Tres es multitud") para transmitir la vulnerabilidad y
la frustración de su personaje, ya sea con una introvertida mirada o
con su extravertida y sublime interpretación en un karaoke de "More
than this", el melancólico himno de Roxy Music.

Aunque indudablemente es Murray el gran soporte y atractivo de la
película, el trabajo de Johansson es también encomiable. Llena de
matices y de pequeñas sorpresas, esta actriz de apenas 19 años consigue
evitar -en favor del resultado final- que la película se convierta en
un show unipersonal de Murray.

La fascinación y el desconcierto con que la cámara de Lance Acord
descubre los exteriores de Tokio sintonizan a la perfección con la
perplejidad que sienten las dos criaturas frente al estado de las cosas
que les toca vivir, mientras que la exquisita banda sonora, que recorre
canciones de pop, rock, música electrónica y melodías ambient, según
los diferentes estados de ánimo de los protagonistas, es otro hallazgo
de esta pequeña gema.

Así, tras su logrado debut con "Las vírgenes suicidas" y con esta
notable continuación, esta cineasta demuestra que ya hace mucho tiempo
dejó de ser "la hija de", incluso cuando su padre sea nada menos que
Francis Ford Coppola..."

Diego Batlle

La Nación


Otras opiniones en la web: Aquí copio algunos comentarios sobre esta película que me han llamado la atención navegando en el web.

Tríptico para Lost in Translation, pubicado por José Juan Zapata Pacheco en su Blog Baúl de Long Plays http://jojuzapalps.wordpress.com/ el 8 de Marzo de 2007

I - La película
Lost in translation es, quizá, mi película favorita.
Afirmarlo es un poco temerario, puesto que están también muy de cerca
las películas de Almodóvar y las de Iñárritu, obras que me han
conmovido hasta las lágrimas.

He visto Lost in translation
unas dos o tres veces, la última de las cuales fue patética. No por la
película en sí, obviamente, sino porque se trataba de una versión
doblada al español, espantosa, que incluso echaba a perder el último
diálogo de la película, uno de los momentos más intensamente
conmovedores del cine contemporáneo. No hay nada más seductor que lo
que no se sabe, lo que se desconoce, lo que sólo se puede intuir. Las
palabras de Bob en el oído de Charlotte son algo que el expectador no
debe saber, un secreto que se queda en el interior de la realidad
cinematográfica. Somos testigos, pero a la vez ajenos a ese íntimo
discurso, por banal o trascendental que pueda ser. Este concepto de lo
secreto y lo ajeno es una de las ideas sustanciales de Lost in translation.
Dos individuos abandonados en una ciudad bulliciosa, como de ensueño,
perdidos en el mar de una realidad que les es presentada unas veces
como incomprensible y otras tantas como seductora, se encuentran y
entablan una relación compleja, que roza los límites entre el erotismo
filial y el de pareja. Sin embargo, esta indefinición no es un
problema, sino que se desenvuelve con una naturalidad conmovedora.

Una vez alguien, no recuerdo claramente quien, me preguntó si alguna
vez en mi vida había conocido a una persona que me marcara de una
manera fugaz. Alguien que conociera en un solo momento, un breve y
hermoso lapso, para desaparecer luego y definitivamente de mi vida. No
pude más que aceptar que hasta la fecha no ha sucedido algo así en mi
caso, no que yo recuerde. Lost in translation
podría ser la historia perfecta de esa hipotética situación.
Lahistoria de cómo dos extraños se conocen en un breve y hermoso lapso
para desaparecer después, todo en medio de una frenética, alucinada y
neónica urbe como la capital Japonesa.

Lost in translation no es una película sencilla, pero tampoco
es solemne. Basten las cómicas escenas de Bill Murray ante los
directores japoneses o ante las extrañas visitas nocturnas en su
habitación de hotel (”Lick my stocking, Mr. Harris!!”). Pero también es
una cinta meditabunda, un elogio de la soledad y el silencio. La
poética del silencio en Lost in translation es embriagadora, como un
jardín japonés bajo la tibia llovizna, o una bulliciosa calle de Tokio
plagada de neones y tecnología. Un guión increíble, una dirección
efectiva y dos actuaciones inolvidables. Eso es Lost in translation, mi (quizá) película preferida.

I - El soundtrack
Si Sofía Coppola, directora de Lost in translation, había mostrado su fino gusto auditivo al encargar la banda sonora de su primera cinta, The virgin suicides,
al dueto francés Air, para esta nueva película no escatimó esfuerzos y
encargó la música al mismísimo Kevin Shields e invitados de lujo. El ex
My Bloody Valentine entregó unos temas llenos de misterio y hermosura,
que transitan entre la música electrónica y las explosiones de noise
que lo caracterizaron durante su mencionada banda. Sin embargo, el
sountrack se complementa con clásicos del underground americano como
“Sometimes” de los propios Bloody Valentine o la imborrable “Just like
honey” de The Jesus & Mary Chain, que ambienta el sublime cierre de
la película. No faltan los nuevos valores del indie, como Phoenix con
“Too Young”, o nombres de peso en la música electrónica como los ya
recurridos Air o Death in Vegas. Complementan este soundtrack de lujo
(como pocos, por cierto) un curioso tema de folk-rock japonés, y como
plus (en las ediciones especiales) la interpretación de “More than
this” de Roxy Music, cantada en karaoke por Bill Murray en un fragmento
de la cinta.

III - Scarlett Johansson

¿Necesito explicar algo de la belleza de Scarlett Johansson más de
lo que puedan hacerlo las siguientes fotografías? El personaje que
encarna, Charlotte, licenciada en filosofía, casada con un fotógrafo
que la ignora, según parece está inspirado en la experiencia de Sofía
Coppola con su primer marido, el también director Spike Jonze. No soy
una persona precisamente dada a la adoración de las bellezas del cine o
la música. Pero no puedo más que aceptar que Scarlett, en Lost in translation, es algo impresionante.


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Concepción, Chile
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"Le daba rabia llamarse Traveler, él que nunca se había movido de la Argentina como no fuera para cruzar a Montevideo y una vez a Asunción del Paraguay, metrópolis recordadas con soberana indiferencia. A los cuarenta años seguía adherido a la calle Cachimayo, y el hecho de trabajar como gestor y un poco de todo en el circo «Las Estrellas» no le daba la menor esperanza de recorrer los caminos del mundo more Barnum; la zona de operaciones del circo se extendía de Santa Fe a Carmen de Patagones, con largas recaladas en la capital federal, La Plata y Rosario. Cuando Talita, lectora de enciclopedias, se interesaba por los pueblos nómadas y las culturas trashumantes, Traveler gruñía y hacía un elogio insincero del patio con geranios, el catre y el no te salgás del rincón donde empezó tu existencia. Entre mate y mate sacaba a relucir una sapiencia que impresionaba a su mujer, pero se lo veía demasiado dispuesto a persuadir. Dormido se le escapaban algunas veces vocablos de destierro, de desarraigo, de tránsitos ultramarinos, de pasos aduaneros y alidadas imprecisas. Si Talita se burlaba de él al despertar, empezaba por darle de chirlos en la cola, y después se reían como locos y hasta parecía como si la autotraición de Traveler les hiciera bien a los dos. Una cosa había que reconocer y era que, a diferencia de casi todos sus amigos, Traveler no le echaba la culpa a la vida o a la suerte por no haber podido viajar a gusto. Simplemente se bebía una ginebra de un trago, y se trataba a sí mismo de cretinacho·" Julio Cortazar, RAYUELA _________________________________________________________________ _________________________________________________________________
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