

El 21 de diciembre de 1907 se produjo uno de los capítulos más dramáticos del movimiento obrero que registra la historia de Chile. Cientos de mineros con sus mujeres e hijos , encerrados en la escuela “Santa María” en la ciudad nortina de Iquique fueron asesinados por un destacamento militar que abrió fuego contra ellos al resistirse a deponer una huelga de los trabajadores del salitre. La brutalidad del episodio , el número de muertos -aunque las fuentes discrepan y lo sitúan entre 200 a 3000- y su significado como expresión de lucha, lo marco para siempre en la memoria colectiva de los trabajadores chilenos. Memoria que además la recuerda como la obra musical de Quilapayún: La Cantata Santa María de Iquique, que relata en versos y música los luctuoso hechos.
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Hola, un hecho terrible, testimonio de lucha libertaria que lamentablemente cobró un costo en sangre... La música del grupo Quilapayún nos retrotrae a ese acontecimiento en forma magistral.
Saludos.
Son tantos los hitos de sangre, en la pampa quedan las cruces,
el palomeo de los rotos, las mesnadas de victoriosos soldados
del ayer, convertidos en tristes gañanes tras el conflicto bélico,
deambulando con harapos el desierto, calzados de soledad.
La sangre flameo, en Plaza Colón, Santa María, La Coruña, San
Gregorio, Pedro de Valdivia...
"Pido venganza por el que vino de los obreros su pecho abrir,
pido venganza por el pampino que allá en Iquique supo morir"
(Canto a la Pampa, 1908), de Francisco Pezoa poeta acrata.
"Sin embargo, los que caímos en la escuela —junto a los que murieron después a causa de sus heridas, y a los que se fueron muriendo con el tiempo, de pura tristeza—, sabemos bien que, aunque se esgrima toda clase de pretextos para negar o justificar esta aniquilación feroz, y los responsables pasen a convertirse en héroes patrios, y con el tiempo se llegue a bautizar calles, plazas y regimientos con sus nombres, con el nombre del general asesino —que ordenó hacer fuego sin tener nada que reprimir, sólo impresionado por el agitar de las banderas y la gritería de la muchedumbre— y con el nombre del presidente cómplice que lo premió enviándolo de agregado militar a Alemania —«Ha cumplido usted con los deberes inherentes a su cargo en forma que hace honor a su criterio y energía», le expresó solemnemente al
comunicarle su designación—; que aunque se eche mano a todo para olvidarnos
—incluso a la ignominia de levantar un monumento al capitalismo sobre la fosa en
que descansan nuestros huesos—, sabemos que nuestra muerte no será del todo
inútil, y que más tarde o más temprano será cantada y contada al mundo entero, y
el mundo entero sabrá que esta matanza perpetrada un 21 de diciembre de 1907,
en los recintos de la Escuela Santa María de la ciudad de Iquique, fue la más
infame atrocidad que recuerde la historia del proletariado universal"
Hernan Rivera Letelier: Santa Maria de las Flores Negras